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San Salvador (El Salvador), 29 de enero de 2015. La mayoría de personas tiende a encerrar el concepto de vejez en cuanto al número de años vividos. Cada ser humano en la vejez es en sí la suma de todos sus días, de todas las experiencias vividas en esos días. Por lo tanto, no es posible generalizar las características personales, financieras y sociales de este sector poblacional.

Algo que sucede en el país y en otras partes del mundo es que existen mitos sobre la vejez que giran en torno a ideas que suelen ser erróneas y asociadas a aspectos negativos. Por ejemplo, que una persona en su condición de ancianidad no puede valerse por sí misma, que no será productiva a cierta edad o incluso hasta llegar a ser una carga en la familia.

Esta forma de pensar se aprende socialmente y no suele ser juzgada ni cuestionada, sino que se da por hecho. Esto puede afectar la imagen de una persona adulta mayor, y por consiguiente de lo que se espera para su propia vejez. Es posible, por tanto, que de esto pueda venir el rechazo hacia el envejecimiento y el paso del tiempo en algunas personas.

Las creencias o estereotipos de la vejez varían de una cultura a otra, pero lo que debe prevalecer es el análisis sobre el aspecto negativo de estas ideas en cuanto a la concepción que se tiene de la vejez y de las personas mayores. Los estereotipos sociales podrían desaparecer si se conceptualiza el envejecer como el aprendizaje de unas nuevas funciones sociales y se presta mayor atención a las otras facetas del envejecimiento que no son exclusivamente la fragilidad física.

En sociedades como la salvadoreña el tema de la vejez está aprisionado en una gama de mitos y falsas concepciones. Y como todo mito, los que corresponden a la vejez incluyen una mezcla confusa de verdad e imaginación.

Por eso, el Departamento de Programas a Pensionados del Instituto Salvadoreño del Seguro Social ha elaborado ciertos mitos que están presentes en la sociedad salvadoreña y que deben ser superados con una visión proyectada hacia el respeto.

 Algunos mitos en torno a la vejez y las personas mayores

  • Mito de la senilidad.

Este mito supone que la vejez y la enfermedad van juntas de la mano. Expresa que una vez que se llega a la edad de 60 años el camino es cuesta abajo y en cualquier momento la persona decae o se enferma.

Realidad. Muchos científicos coinciden en que el proceso de envejecimiento implica una disminución de las capacidades físicas, sensoriales y cognoscitivas. Sin embargo, los efectos de la vejez suceden sólo en forma gradual y mínima en el transcurso de la vida y nunca son causa directa de la muerte.

  • Mito del aislamiento social

Se dice, por lo general, que la gente adulta mayor se siente miserable y que lo mejor para ellos es el aislamiento de la vida social, que las personas de edad mayor buscan a menudo el reposo o la soledad.

Realidad. Algunas personas mayores optan por llevar una vida solitaria por decisión propia o porque son forzados por una serie de circunstancias sociales. Esta acción muchas veces puede ser creada por actitudes y valores de una sociedad que provee pocas oportunidades para participar activamente.

  • Mito de la inutilidad

Cuando la producción es una medida de valor de la persona, el no estar activo en el trabajo remunerado contribuye a perder prestigio social. Si la fortaleza física decae, se cree que hay poco valor de su desempeño.

Realidad. Es la misma sociedad la que margina a las personas de mayor edad de las corrientes de la producción al obligarle en ocasiones a retirarse o jubilarse. En muchas sociedades la jubilación actúa como una barrera que deja afuera del círculo a todos aquellos que al cumplir 60 o 65 años engrosan las filas de los llamados pasivos.

  • Mito de la incapacidad de aprender

Muchas veces se atribuye al envejecimiento dificultades relacionadas con la falta de hábito o de capacitación, ya que la educación se vincula al aprendizaje para la vida productiva y no para las personas mayores.

Realidad. Si bien es cierto que la inteligencia es más lenta en esta etapa de vida, esto no impide el aprendizaje. Se disminuye la agilidad. Es decir el tiempo o rapidez, pero no así las habilidades cognoscitivas. A pesar de ello, los mayores pueden seguir aprendiendo en forma diferente, con otro ritmo y talvez con otros recursos.

  • Mito de la inflexibilidad

Se imagina que las personas mayores son tercas y enojadas. El nivel de rigidez de las personas no es efecto del envejecimiento, ya que se asocia a patrones desarrollados en etapas anteriores.

El carácter inflexible de algunas personas no es producto de su edad, sino de su personalidad que ha sido moldeada mediante sus experiencias de vida. Si de joven fue intransigente o intolerante, lo va a seguir siendo. Muchas características de personalidad se agudizan o desaparecen a medida que pasa el tiempo.

  • Mito de la asexualidad

Se considera que pasada la edad de 60 años las relaciones sexuales no son placenteras y que las personas mayores son asexuales. Los tabúes culturales y la actitud de muchos profesionales son responsables de este mito.

Realidad. Estudios demuestran que a pesar de los prejuicios sociales existentes, la mayoría de las personas mayores tienen capacidad para las relaciones sexuales y pueden llevar una vida sexual activa. Con el envejecimiento se disminuye la potencia sexual, se produce lentitud para la erección y eyaculación, pero no desaparece el deseo sexual.

Fuente: La Prensa Gráfica

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