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Santiago de Chile, 24 de febrero de 2013. Estudios demográficos sobre la población chilena revelan una buena noticia. Si comparamos a un niño que nació el 2010 con un adulto nacido en 1970, el niño tiene una expectativa de vivir 15 años más que el adulto nacido 40 años antes.  Este hecho se debe a la mejoría que se ha logrado en el sistema de salud pública y que se refleja en el hecho de que las expectativas de vida de los chilenos ahora son levemente mejores frente a los que nacen en Estados Unidos. La estructura poblacional de Chile ha tenido también un drástico cambio debido a notables bajas en la fertilidad de las familias chilenas y al aumento de las expectativas de vida. Esto significa que el país esta envejeciendo, presentando desafíos y oportunidades.

Este tema fue analizado en el marco de dos talleres internacionales organizados conjuntamente por el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad y por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile en enero. En estos eventos se reunió a expertos chilenos y a invitados de Norteamérica, Europa, Australia, Brasil y Argentina, quienes discutieron las experiencias que se han recogido en diferentes regiones sobre los aspectos sociales, económicos, urbanísticos y de salud que son impactados por el cambio demográfico.

Como conclusión de esos encuentros, se puede mencionar que un plan integral y trandisciplinario que incluya todos esos aspectos, y  una educación que dure toda la vida,  podrían evitar los negativos efectos de esta alteración poblacional.  Sin duda que ese plan tiene que incluir un tratamiento médico efectivo para abordar el impacto de una población de avanzada edad.

El envejecimiento es el mayor factor de riesgo para un amplio rango de enfermedades crónicas (cáncer, diabetes, obesidad, demencia y patologías cardiovasculares) que en su conjunto contribuyen al grueso de la carga de enfermedades en Chile y en la mayoría de los países avanzados. Por esa razón, un país capaz de mantener a sus adultos mayores con buena salud puede beneficiarse de la constante participación de ese grupo etario, considerándolos en actividades que favorezcan a toda la sociedad.

Para lograr esa meta, Chile necesita organizar una campaña para sensibilizar a sus ciudadanos de los beneficios de una vida sana, manteniéndose mental y físicamente activos y con una dieta saludable. Si no se logran esos cambios, el incremento  de adultos mayores en Chile nos permite calcular que el 2050 habrá 620.000 personas con Alzheimer, cáncer, prediabetes, enfermedades cardiovasculares y obesidad. Por tanto, es necesario hacer un gran esfuerzo para evitar que se cumplan esas predicciones.

En los talleres también se presentaron resultados de investigaciones que demuestran esperanzadores avances en nuestro entendimiento del proceso biológico del envejecimiento, lo cual abriría oportunidades para acciones terapéuticas que podrían disminuir la velocidad de este proceso.  Si esto se lograse, sería factible alargar la vida saludable de los humanos, aumentando en varios años la vida productiva.

En este sentido, es notorio que Chile tiene muy pocos grupos dedicados a estudiar la biología del envejecimiento, y también hay un enorme déficit de especialistas en geriatría, ya que actualmente se están formando sólo tres de estos especialistas al año en todo el país. Está claro que se debe dar prioridad a los esfuerzos por aumentar los recursos humanos con capacidad en estos campos, y también en el área de la investigación y tratamiento de las demencias que ocurren en la tercera edad. El apoyo de centros internacionales en la formación de especialistas en estas disciplinas será indispensable.

Sin embargo, un plan integral que le permita a Chile enfrentar los desafíos de la nueva estructura poblacional en las próximas décadas no puede limitarse a los aspectos de la salud y  la investigación biológica. Ese proceso debería incluir una planificación de viviendas y desarrollo urbano que permita a los ciudadanos mayores estar expuestos a menos accidentes, a movilizarse con facilidad y a disfrutar de una activa vida social.

El envejecimiento poblacional también puede resultar en la exclusión social de los adultos mayores. Para combatir esto, las sociedades deben generar mecanismos y actividades de integración intergeneracionales y de solidaridad, y esquemas de seguros de salud que permitan el acceso a tratamientos y prevención de buena calidad a costos razonables. De la misma manera, en el aspecto económico será necesario modificar el sistema de pensiones para adaptarse a la nueva realidad. Esto significa, a su vez, modificar el mercado laboral para permitir el empleo de las personas mayores y montar un sistema para capacitarlas en las nuevas tecnologías que están revolucionando toda la actividad humana. La educación continua debe estar disponible para todas las edades, pues nunca se está viejo para aprender algo nuevo.

Está claro que para enfrentar el desafío del envejecimiento de su población será necesario que la sociedad chilena, y muy especialmente sus líderes políticos e intelectuales, se comprometan con el diseño e implementación de un plan integral que enfrente los impactos y aproveche también las oportunidades que este cambio demográfico ofrecerá.

Fuente: La Tercera

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