Paradojas de los abuelos faltos de amor: la triste historia de Lía

Salta (Argentina), 30 de marzo de 2014.  Desamparados por el sistema, que no está preparado para contenerlos, pero fundamentalmente por sus propias familias que con el esfuerzo de años cimentaron con amor, un gran grupo de adultos mayores está a la deriva y termina en hogares de ancianos, asilos, depósitos de personas que dejaron de ser productivas. Es la paradoja de la ancianidad hoy: Crónicas del desamparo en la hora de máxima vulnerabilidad.

Abandono, vulnerabilidad, incertidumbre y la más grande soledad que un humano pueda experimentar, porque viene desde adentro, desde alguien que amamos y es la que lastima más. Es esa la cotidianeidad para los ancianos de hoy. Y no demandan tanto: Un hogar cálido, ropa limpia, alimentos apropiados, y tal vez el abrazo tibio de ese hijo que los desveló en lo mejor de su juventud, y al que le cambiaron los pañales y prepararon para la vida, para este momento cuando ellos ya no pueden sustentarlos, esa misma vida que hoy como padres se les apaga de a poco.

Y nadie escapa, es una realidad que afecta tanto a ricos como a pobres, la vejez desconoce de clases sociales y es una de las pocas cosas que nos iguala a todos: El inexorable destino que todo ser humano llega transitar por mucho que intente retrasar su llegada. Solo que no todos lo haremos de la misma forma, pocos tienen la fortuna de hacerlo bajo la mirada fraterna de los seres que aman.

El caso de Lia no es distinto al de muchas personas de su edad. Es así como cuando le dieron de alta tras recuperarse de un episodio que puso en riesgo su salud, no imaginaba que este sería el inicio de una sucesión de peripecias que terminarían con la mujer refugiada en la vivienda de su hijo en la ciudad de Buenos Aires para el resguardo de su seguridad. Regresar a su hogar, ubicado en pleno centro de la capital salteña hoy no es una opción para Lía quien escogió el exilio antes que la convivencia con su otro hijo.

Ocurrió a principios de marzo cuando de acuerdo a la presentación ante la Policía, el abogado Diego Germán Tuysuz Gálvez le negó a su madre el ingreso a su vivienda ubicada en el centro de la ciudad de Salta. De acuerdo a las fuentes la denuncia ingresó con el Nº 1221 a la Unidad de Ingresos de Denuncias penales para a posterior dar intervención a la Fiscalía Nº 6 quien finalmente caratulará la causa.

Según consta en la presentación, Lía, de 78 años, se encontraba en compañía de su hijo Diego Germán cuando se descompensó, por lo cual la llevó al Sanatorio Santa Clara de Asís. En una situación al menos irregular, la ingresó con el nombre de Carmen Gálvez -una identidad totalmente ajena a la mujer-. Cuando finalmente después de unos días le dieron de alta intentó regresar a su hogar, pero sólo halló las puertas de su hogar cerradas y la negativa de su hijo a hacerla ingresar a lo que era su casa.

Ante la insistencia de la propietaria para que le permita ingresar y que su hijo se retire para garantizar su seguridad, intervino la policía pero, según lo denunciado, “se quedó encerrado, como atrincherado” y se negaba a abandonar el hogar. Ante esta situación, y dados los antecedentes policiales de violencia que constarían en la comisaría interviene el otro hijo de la propietaria, Fabián- médico que vive en Buenos Aires- quien debió llevarla a un hotel para pasar la noche y posteriormente darle alojamiento en su vivienda en la ciudad de Buenos Aires.

“En el momento en el que internan a la madre se quiso hacer una maniobra para quedarse con todas las propiedades. En la actualidad Germán Tuysuz Gálvez no tiene ningún tipo de poder de administración ni de juicio”, advierten en la denuncia.

“No tiene ningún tipo de razón real para usurpar el hogar y negarle el usufructo. Busca manipularla. Es más, intentó cobrar alquileres y hacer contratos sin tener ningún tipo de poder”, concluye la fuente. La denuncia de esta triste historia es llevada adelante con el patrocinio del Dr. Marcelo Juri quien aguarda la resolución de Fiscalía, pero celebra la decisión de Fabián, el hijo médico de Lía. “Fue un acto muy prudente que le permitió el resguardo de la integridad de su madre”, analizó.

Ciertamente escapa a toda racionalidad pues es volverle la espalda al mismísimo amor, porque es el más puro, en el momento de su mayor vulnerabilidad. Escrituras, dinero, herencia, palabras vacías que hoy priman en los intercambios familiares, y ¿para qué? Si a la hora del adiós no nos llevamos nada, más que afectos, y la vida no da segundas oportunidades cuando de esto se trata. ¿Cuántas canciones de cuna me cantó mí, mamá para tratarla así? ¿Cuántos besos en mis rodillas lastimadas al caer de la bici me dió cuando era solo un niño? ¿A cuánto cotiza el recuerdo de un paseo por la plaza cuando ya no la tenga? ¿Y qué hacer hoy con los mimos a tu pelo hoy canoso, que forman parte del debe y me encantaría tener en el haber? ¿Y a eso… algún juez o abogado lo mide? Muy difícil cuñado no lo mide ni su propio hijo.

Sin duda Lia, como tantas otras personas, merecen una vejez digna, máxime cuando su economía o la de sus hijos puede dárselas. Y si así no fuera el caso, cualquier caricia que hagamos a nuestros mayores será una caricia a su alma necesitada de afectos.

Fuente: El Intransigente

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